Mejorar el lenguaje es beneficioso en términos económicos; y de hecho su impacto financiero se puede medir.

Pues mejorar el discurso de una organización significa mejores propuestas y ofertas; manuales de instrucciones más claros que dan pie a menos reclamaciones; argumentarios de ventas más cortos que hacen posible llamar a más personas; argumentarios de ventas más eficaces que convencen a más personas; presentaciones corporativas más interesante y persuasivas.