El test del contrario

12/02/2013

Como hemos dicho en otras ocasiones, un buen texto es económico: dice lo máximo con lo mínimo. Esto quiere decir que debe ser informativo. Pero ¿en qué consiste ser informativo?

La noción de información es muy complicada, pero de manera sencilla puede decirse que un texto es informativo cuando proporciona datos que resultan relevantes para su propósito. Partimos de la pregunta ¿para qué estoy escribiendo esto? y pasamos a la pregunta ¿lo que estoy escribiendo es relevante para eso?

Un buen test para determinar si un elemento es informativo – esto es, si aporta algo para que el texto cumpla su propósito – es el test del contrario. El test consiste en convertir cada elemento en su contrario. Si el contrario de un elemento es algo inaceptable o simplemente estúpido – o sea, si realmente no tiene mucho sentido – ese elemento no es informativo y se puede eliminar. Es decir, es paja. Y la paja es mala.

Veamos este ejemplo, tomado de la web corporativa del BBVA:

Los siete principios corporativos son:

  1. El cliente como centro de nuestro negocio.
  2. La creación de valor para nuestros accionistas como resultado de nuestra actividad.
  3. El equipo como artífice de la generación de valor.
  4. El estilo de gestión como generador de entusiasmo.
  5. El comportamiento ético e integridad personal y profesional como forma de entender y desarrollar nuestra actividad.
  6. La innovación como palanca de progreso.
  7. La responsabilidad social corporativa como compromiso con el desarrollo.

Convirtiendo cada principio en su contrario, obtenemos la siguiente lista:

  1. El cliente no es el centro del negocio.
  2. No se crea valor para los accionistas y el resto de los grupos de interés como resultado de la actividad.
  3. El equipo no es artífice de la generación de valor.
  4. El estilo de gestión no genera entusiasmo.
  5. La forma de entender y desarrollar la actividad no se basa en un comportamiento ético ni en la integridad personal.
  6. La innovación no es palanca de progreso.
  7. La responsabilidad social no es un compromiso con el desarrollo.

Obviamente, ninguna organización diría jamás ninguna de estas cosas. Se trata de una sarta de enunciados tan absurdos que sus contrarios – la serie original de principios – resultan banales. ¡Claro que el principio es el centro del negocio! ¿Cómo no va a serlo? ¡Claro que un banco genera valor para sus accionistas – es un banco! Y así sucesivamente. Toda una lista que está ahí puramente para hacer relleno.

Evidentemente, no es necesario llevar el minimalismo hasta sus últimos extremos – en ocasiones se puede decir algo que sea obvio. Pero siempre debe ser como argumento o sostén sobre el que basar algo que no resulte tan obvio. Por ejemplo,

Tenemos un programa de I+D muy activo, porque apostamos por la innovación como palanca de progreso.

El que una empresa apueste por la innovación es algo bastante evidente (¿qué van a decir, “apostamos por estancarnos y quedarnos anticuados”?) Pero el que tenga un programa activo de I+D no lo es tanto. De todos modos, sigue siendo algo bastante vago, así que es una buena idea hacer esto más concreto:

Porque apostamos por la innovación como palanca de progreso, tenemos un programa de I+D muy activo en el que desarrollamos las siguientes líneas de investigación:

  • Programa X: consiste en…
  • Programa Y: consiste en…
  • Programa Z: consiste en…

Esto nos lleva a la cuestión de cómo exactamente hacemos nuestras ideas más concretas. Hablaremos de eso en los siguientes posts.